Murió Piero, una de las voces emblemáticas de la canción popular argentina
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Hay despedidas que se anuncian con anticipación, pero ninguna prepara realmente para el momento en que llegan. Durante años, la pregunta fue cuándo sería la última vez de Lionel Messi con la camiseta argentina. Ayer, esa pregunta tuvo respuesta pero no sin antes brindar otras incertidumbres que salpicaron de manera mínima el adiós del 10.
El día comenzó con un reconocimiento que ya anticipaba la dimensión de la jornada. Antes de dirigirse al Monumental, Messi recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, la máxima distinción honorífica de la institución. Horas más tarde, tendría delante suyo a más de 80.000 personas para jugar su último partido con la Selección Argentina en suelo nacional, junto a él, Nicolas Otamendi, actual jugador de River Plate, tambien dejó vacante la camiseta 19 albiceleste.
El Monumental empezó a transformarse mucho antes del partido. Música, homenajes y una enorme camiseta con el número 10 y la palabra “GRACIAS” acompañaron una espera que, para muchos, parecía interminable. La despedida tuvo la participación de distintos artistas y, después del encuentro, continuó con drones, luces y espectáculos especialmente preparados para la ocasión.
Pero cuando llegó el momento de jugar, la emoción tuvo que quedar durante un rato en segundo plano.
Un primer tiempo que reflejó la tensión del momento
Argentina salió a jugar con Messi como capitán y con varios de los futbolistas que compartieron junto a él los años más gloriosos de la Selección. Enfrente estuvo Benín, un rival que no se limitó a observar la fiesta y que durante la primera mitad consiguió incomodar al equipo de Lionel Scaloni.
El 0-0 del primer tiempo no reflejaba una superioridad absoluta de Argentina. La Albiceleste manejó la pelota, intentó encontrar espacios y tuvo algunas aproximaciones, pero también encontró a un conjunto africano dispuesto a competir. El equipo argentino terminó esa primera parte sin poder convertir y con la sensación de que todavía debía acelerar para transformar su dominio en goles.
Y entonces apareció Messi.
No necesitó marcar para empezar a escribir el desenlace de su última función. Apenas iniciado el complemento, ejecutó un córner con precisión y Nicolás Otamendi apareció para conectar el envío y establecer el 1-0. Fue una sociedad cargada de simbolismo: Messi asistiendo a Otamendi, después de altas y bajas, derrotas y victorias, “el general” cerraba con broche de oro una noche soñada.
El abrazo posterior entre ambos resumió buena parte de la noche.
Cuando el fútbol volvió a parecer sencillo
Con el marcador a favor, Argentina comenzó a jugar con mayor tranquilidad. Benín perdió parte de la resistencia que había mostrado durante el primer tiempo y la Selección encontró espacios para atacar con mayor claridad.
A los 61 minutos llegó el segundo. Messi recibió, participó de la construcción y volvió a ser determinante para que Nico Paz ampliara la diferencia. El joven mediocampista apareció entre los defensores de Benin como una de las imágenes del futuro de la Selección, mientras que el capitán seguía siendo protagonista del presente.
Y faltaba la última escena.
A los 71 minutos, Messi tuvo la posibilidad de despedirse como tantas veces lo hizo: convirtiendo. Fue desde el punto penal. El remate terminó en la red y el Monumental explotó.
3-0. Gol de Messi.
No hubo mejor manera de cerrar una carrera internacional de semejante magnitud. El capitán había participado directamente en los tres goles: dos asistencias y un tanto propio.
El resultado, sin embargo, terminó siendo casi una anécdota frente a todo lo que representaba ese partido.
El último abrazo y las lágrimas de una generación
Cuando llegó el final, Messi quedó rodeado por sus compañeros. Ya no había indicaciones tácticas ni necesidad de pensar en el siguiente partido. Solo quedaba abrazarse.
Las imágenes fueron contundentes: Messi emocionado, sus compañeros con lágrimas, Lionel Scaloni intentando contenerse y una multitud que no quería aceptar que esos 90 minutos habían sido los últimos del capitán con la Albiceleste.
Enzo Fernández no pudo contener el llanto. Lisandro Martínez reconoció después que el plantel jugó con una “angustia enorme” y que todavía resultaba difícil asimilar que Messi ya no estaría en la próxima Fecha FIFA. Franco Mastantuono, uno de los jóvenes del plantel, admitió que intentó “ponerle la mejor cara” pese a la tristeza por despedir a su ídolo.
Nicolás Otamendi, que también cerró su ciclo, resumió la contradicción de la noche: tristeza por el final, pero felicidad porque Messi pudo despedirse como merecía. “Fue un cierre increíble”, sostuvo el defensor.
Y desde el banco, Scaloni tampoco pudo esconder lo que significaba perder al jugador que marcó una era.
“Nunca pensé que iba a ser el entrenador del mejor futbolista de la historia”, reconoció el técnico, quien aseguró que las lágrimas aparecían porque se le venían “muchas cosas” a la cabeza. También dejó una frase que resume el desafío que tendrá la Selección a partir de ahora: “Ese aura yo no se la vi a nadie en mi vida”.
“No me quiero ir de acá”
Después de la goleada llegó el momento que todos habían esperado y, al mismo tiempo, habían intentado evitar.
Messi tomó el micrófono en el centro del campo. La voz entrecortada dejó claro que no se trataba de una conferencia de prensa más.
“Fue un orgullo muy grande para mí defender esta camiseta por más de 20 años”, dijo. Y reconoció que jugar para Argentina había sido uno de los grandes sueños de su vida: “Les juro que me gustaría venir toda la vida. Jugar con la Selección argentina es lo más lindo que te puede pasar”.
También recordó a su padre, Jorge Messi, fallecido meses atrás, y habló de todo lo que significó compartir tantos años con sus compañeros.
El capitán quiso dejar claro que el éxito de la Selección no fue individual. Habló de los futbolistas que estuvieron a su lado durante los años más importantes y destacó especialmente al grupo que consiguió la Copa América, la Finalissima y el Mundial.
“Era salir a competirle a cualquiera porque sabía que tenía guerreros que salían a dar la vida”, expresó.
Pero hubo una frase que probablemente quede como la síntesis más humana de la noche:
“Hoy es el día más triste de mi carrera. Los voy a extrañar”.
Y, antes de marcharse, dejó claro que su vínculo con la Selección no termina con su retiro: ahora estará “de ese lado”, acompañando al equipo como un hincha más.
“Estoy orgulloso de ser argentino”, fueron algunas de sus últimas palabras frente al Monumental.
El final de una era, no el final de Messi
El partido ante Benín fue mucho más que un amistoso. Fue el cierre de una historia de más de dos décadas, marcada por frustraciones, críticas, títulos, récords y una transformación que convirtió a Messi en el máximo referente de la historia reciente de la Selección Argentina.
Se fue con 208 partidos, 126 goles y 70 asistencias, como máximo goleador y futbolista con más presencias en la historia de la Albiceleste.
Pero quizá los números sean insuficientes para explicar lo que ocurrió en el Monumental.
Messi se despidió acompañado por los mismos compañeros que durante años lo ayudaron a convertir una camiseta pesada en una camiseta ganadora. Algunos lloraron. Otros intentaron sonreír. Los más jóvenes lo miraron como quien observa por última vez a su ídolo. Scaloni entendió que se cerraba una etapa irrepetible.
Y el público hizo lo único que podía hacer.
Cantó.
Porque después de 21 años, después de tantas noches y tantos viajes, después de haberlo visto caer y levantarse, ganar y perder, llorar y finalmente levantar la Copa del Mundo, Argentina tuvo la oportunidad de decirle una última vez aquello que durante tanto tiempo quiso decirle:
Gracias, Leo.