El Alzheimer y la demencia suelen utilizarse como términos similares, aunque desde el punto de vista médico no significan lo mismo. En diálogo con Radio La Ciudad, el neurólogo Fernando Casas explicó las principales diferencias entre ambas condiciones y remarcó la importancia de reconocer las señales de alerta para lograr un diagnóstico temprano.

Casas explicó que la demencia hace referencia a una condición clínica caracterizada por un deterioro cognitivo severo que comienza a afectar la funcionalidad de una persona. Esto implica que alguien que anteriormente podía desenvolverse de manera independiente empieza a tener dificultades para realizar actividades sociales, laborales o cotidianas.

En cambio, el Alzheimer es una enfermedad específica y constituye una de las causas más frecuentes de demencia. Según explicó el especialista, entre el 60% y el 80% de los cuadros de demencia pueden estar relacionados con esta enfermedad, dependiendo de la población estudiada.

El neurólogo también aclaró que no corresponde utilizar actualmente el término "demencia senil", debido a que se trata de una expresión demasiado genérica que solamente vincula la demencia con la edad, sin determinar cuál es la causa del deterioro.

Los olvidos que deberían generar una consulta

Casas señaló que el envejecimiento implica cambios progresivos en todo el organismo, incluido el cerebro, pero diferenció estos cambios normales de aquellos que pueden indicar un deterioro cognitivo.

En este sentido, explicó que pueden existir olvidos vinculados con la distracción o la falta de atención que permiten recuperar la información cuando se recibe alguna pista. Por ejemplo, una persona puede no recordar inicialmente una situación, pero lograr hacerlo cuando alguien le brinda un dato adicional.

Distinto es el caso de los trastornos de memoria más significativos, en los que la persona no logra recuperar la información aun cuando recibe ayuda. La evolución también es un aspecto central, ya que, según el especialista, el Alzheimer y otras demencias no aparecen de manera repentina, sino que forman parte de un proceso progresivo.

El deterioro cognitivo puede comenzar afectando la memoria y posteriormente comprometer otras funciones, como el cálculo, la orientación, el reconocimiento, el lenguaje o la capacidad de realizar actividades que anteriormente se desarrollaban de manera independiente.

Qué factores pueden reducir el riesgo

Durante la entrevista, Casas destacó que existen factores de riesgo que no pueden modificarse, como la edad y determinadas condiciones genéticas, pero también numerosos factores sobre los cuales sí es posible intervenir.

Entre ellos mencionó el control de la presión arterial, la diabetes, el colesterol, el peso corporal y el sedentarismo. También recomendó evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física de manera regular.

El especialista también hizo hincapié en la importancia de cuidar la audición y la visión, ya que las dificultades sensoriales pueden favorecer el aislamiento social y afectar la preservación de las funciones cognitivas.

"Todo lo que cuida nuestro corazón y nuestras arterias, indirectamente y directamente también cuida nuestro cerebro", explicó Casas, al señalar la relación entre la salud cardiovascular, el daño vascular y la evolución de las enfermedades neurodegenerativas.

A estos factores sumó la estimulación cognitiva y la educación desde edades tempranas. Según indicó, mantener una vida activa, saludable y con hábitos adecuados puede contribuir a reducir significativamente el riesgo de desarrollar demencia.

El diagnóstico continúa siendo principalmente clínico

Respecto de la detección del Alzheimer, Casas explicó que actualmente el diagnóstico continúa siendo principalmente clínico y comienza con la evaluación del paciente y de sus capacidades cognitivas.

En la consulta pueden utilizarse herramientas de evaluación inicial, como el Mini-Mental, y posteriormente realizarse estudios neurocognitivos más profundos para determinar cuáles son las funciones afectadas.

También pueden solicitarse estudios por imágenes, como una tomografía o una resonancia magnética, que permiten identificar determinados patrones de atrofia cerebral y aportar información para diferenciar entre distintos tipos de demencia.

El especialista remarcó que existen otras causas además del Alzheimer, entre ellas las demencias asociadas a enfermedad vascular, algunas enfermedades neurodegenerativas y cuadros menos frecuentes, como las enfermedades priónicas.

Por último, Casas destacó la importancia de consultar ante cambios persistentes en la memoria, la conducta o la capacidad de desenvolverse de manera autónoma.

La entrevista se realizó en el marco del Mes de Concientización sobre la Enfermedad de Alzheimer, cuya fecha conmemorativa es el 21 de septiembre. En ese contexto, el neurólogo insistió en la necesidad de trabajar sobre la prevención y los hábitos saludables desde edades tempranas para favorecer un envejecimiento saludable.

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