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La morosidad se multiplicó en el Banco Rioja y el crédito dejó de utilizarse para consumo para convertirse en una herramienta de supervivencia. Desde la entidad advierten que cerca del 90% de los gastos con tarjeta se concentra en alimentos y medicamentos, mientras crece el recurso a prestamistas informales. Para los adultos mayores, el costo de vivir también se dispara: una pareja de jubilados que alquila en Buenos Aires necesitó más de $2,5 millones en agosto para cubrir sus gastos básicos.
La crisis económica está modificando de manera profunda la forma en que las familias utilizan el crédito. En La Rioja, el vicepresidente del Banco Rioja, Marcelo Becerra, expuso un escenario marcado por el aumento de la morosidad, el endeudamiento para cubrir gastos básicos y el avance de alternativas financieras informales.
Uno de los datos que más preocupa es la evolución de la mora. Según Becerra, en los préstamos personales del Banco Rioja pasó de alrededor del 2,5% en 2024 a cerca del 9,3%-10% en los registros posteriores. En el caso de las tarjetas de crédito, también se produjo un fuerte deterioro.
Tarjetas para comprar comida y medicamentos
El dato que mejor refleja el cambio en los hábitos de consumo es el destino del crédito.
De acuerdo con lo señalado por el vicepresidente del Banco Rioja, cerca del 90% de los gastos realizados con tarjeta se concentra en alimentos y medicamentos.
El crédito dejó así de utilizarse principalmente para comprar ropa, electrodomésticos o bienes durables y pasó a funcionar como una herramienta para llegar a fin de mes.
“La gente está utilizando el crédito para cubrir necesidades básicas”, explicó Becerra durante una entrevista. También advirtió sobre el problema que genera pagar solamente el mínimo de la tarjeta, ya que el saldo restante continúa acumulando intereses.
La situación también se refleja en la demanda de préstamos personales. Desde el Banco Rioja señalaron que actualmente llegan entre 30 y 40 personas por día a solicitar financiamiento, aunque muchos no pueden acceder porque ya tienen otros compromisos de deuda.
Cuando el banco ya no alcanza: aparecen los préstamos informales
El deterioro del ingreso familiar también está empujando a parte de la población hacia circuitos de financiamiento informales.
Becerra advirtió que un porcentaje importante de personas que ya no puede acceder al sistema bancario termina recurriendo a prestadores no oficiales. Según su descripción, en algunos casos los intereses llegan al 300%.
La situación puede agravarse cuando los deudores deben entregar bienes o utilizar sus ingresos como respaldo para conseguir dinero rápidamente. El funcionario también mencionó casos de personas que terminan comprometiendo sus cuentas y salarios para hacer frente a las deudas.
El problema no se limita a los préstamos informales. El endeudamiento también se extiende a billeteras virtuales, mutuales, cooperativas, comercios y otros canales de financiamiento.
El resultado es un círculo difícil de cortar: se toma un préstamo para cubrir un gasto, aparece una nueva cuota y, cuando el ingreso vuelve a quedar corto, se busca otro crédito.
Jubilados: alquilar, comer y comprar medicamentos cuesta cada vez más
La situación adquiere una dimensión todavía más delicada cuando se analiza el costo de vida de los adultos mayores.
Un informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires mostró que una pareja de jubilados que alquila necesitó $2.526.219 en agosto para cubrir sus gastos básicos de subsistencia.
La diferencia con quienes tienen vivienda propia es significativa. Una pareja de adultos mayores propietaria necesitó $1.714.568 durante el mismo período.
En el caso de los jubilados que alquilan, solamente los servicios de la vivienda y el alquiler representaron $1.390.706, de los cuales $811.651 correspondieron al alquiler.
A esto se sumaron $638.994 en alimentos y $187.337 en gastos básicos de salud.
La situación puede ser todavía más costosa cuando se incorpora una cobertura médica privada: en ese escenario, el gasto de salud trepa hasta $1.493.464.
El relevamiento también mostró la fuerte diferencia que genera el alquiler entre los adultos mayores que viven solos. Una mujer de 75 años o más con vivienda propia necesitó $949.448, mientras que una inquilina requirió $1.547.027. Con medicina prepaga, el monto llegó a $1.602.512.
Los medicamentos, otra presión sobre los ingresos
A la vivienda y los alimentos se suma el encarecimiento de los medicamentos, un gasto especialmente sensible para quienes necesitan tratamientos permanentes.
El Índice de Precios de Medicamentos de la Defensoría registró en agosto una suba promedio del 2% mensual y un incremento del 27,7% interanual.
Los medicamentos cardiovasculares y para la presión arterial tuvieron un aumento promedio del 3,3% en agosto y acumularon una suba del 32,8% interanual.
Los psicofármacos también registraron una fuerte presión sobre los bolsillos: aumentaron 2,8% en el mes y acumularon una variación interanual del 36,8%.
Dentro de los medicamentos relevados también hubo incrementos superiores al promedio. El Acenocumarol aumentó un 6,5% en promedio, mientras que algunas marcas llegaron al 10%. El Atenolol registró una suba promedio del 6,4%, con presentaciones que llegaron hasta el 11,87%.
En el caso del Alprazolam, el aumento promedio fue del 5,7%, con marcas que registraron incrementos de entre 6,77% y 9,73%.
La preocupación por los adultos mayores
El aspecto más sensible del panorama planteado por Becerra aparece justamente cuando el endeudamiento se cruza con la salud.
El vicepresidente del Banco Rioja relató que desde el área vinculada con jubilaciones, pensiones y seguros de vida comenzaron a observar situaciones que, según su testimonio, generaron preocupación por el aumento de fallecimientos entre clientes adultos mayores.
En ese contexto, Becerra vinculó algunos de esos casos con las dificultades para afrontar tratamientos y medicamentos y afirmó que “los viejitos se están muriendo por la falta de medicamentos”.
La declaración corresponde al funcionario y no constituye por sí misma una estadística sanitaria que permita atribuir de manera generalizada las muertes de adultos mayores a la falta de medicamentos. Pero expone una problemática que también aparece reflejada en los datos sobre consumo: alimentos y medicamentos concentran cerca del 90% de los gastos con tarjeta señalados por el Banco Rioja.
Para quienes viven de una jubilación o pensión, además, el alquiler puede representar una carga decisiva. Cuando a la vivienda se suman alimentos, medicamentos y tratamientos, el margen disponible para otros gastos se reduce todavía más.
La deuda, entonces, deja de ser solamente una herramienta financiera. Para muchas familias se convierte en el recurso utilizado para comer, pagar servicios, comprar medicamentos y llegar a fin de mes.