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La pérdida de poder adquisitivo, el retroceso del consumo y la precarización laboral ponen en duda el impacto político de la desaceleración inflacionaria. Con las elecciones presidenciales de 2027 en el horizonte, el ajuste, las tarifas y las deudas familiares aparecen como factores centrales del malestar social.
La inflación baja, pero el deterioro de las condiciones de vida continúa. Esa es una de las principales contradicciones que enfrenta el gobierno de Javier Milei rumbo a las elecciones presidenciales de 2027: mientras la desaceleración de los precios forma parte de los argumentos oficiales, los ingresos pierden capacidad de compra, el empleo registrado retrocede y cada vez más familias tienen dificultades para llegar a fin de mes.
El problema ya no pasa solamente por cuánto aumentan los precios, sino por cuánto dinero queda disponible después de pagar alimentos, tarifas, alquileres y deudas. El resultado es una economía en la que el consumo permanece bajo presión y el deterioro cotidiano puede convertirse en un factor decisivo para evaluar la gestión.
El retroceso también alcanza al empleo registrado. Según las cifras del informe, los puestos asalariados registrados bajaron de 6.404.000 al cierre de la gestión anterior a 6.004.000 en el período más reciente considerado. En total, son 400.000 empleos registrados menos.
Pero la crisis laboral no se limita a la pérdida de puestos. También avanza la precarización: trabajadores que pasan de empleos registrados a ocupaciones informales o actividades independientes con ingresos más bajos.
Los datos de la EPH citados en el análisis ubican el salario medio de los trabajadores registrados en torno a los $1.433.000, mientras que para los no registrados rondaba los $706.200. La diferencia expone el costo de un mercado laboral en el que tener trabajo no siempre alcanza para sostener las necesidades básicas.
Según datos de la consultora Equilibra citados en el análisis, el ingreso disponible de 14,5 millones de personas registradas cayó un 0,5% mensual y un 6,9% interanual en junio de 2026. Además, se ubicó un 16,9% por debajo del promedio registrado entre enero y septiembre de 2023.
A esa presión se suma el deterioro de los ingresos jubilatorios, señalado en el análisis como una consecuencia del congelamiento del bono que cobran los jubilados de menores haberes.
Las deudas completan el cuadro. La acumulación de intereses y las dificultades para pagar las cuotas comprometen cada vez más los ingresos de los hogares. Así, el crédito deja de funcionar como una herramienta para financiar compras y se convierte, para muchas familias, en una vía para cubrir gastos corrientes.
El análisis advierte que el deterioro se profundizó durante 2026, en paralelo con la pérdida de ingresos reales y las dificultades del mercado laboral.
La desaceleración inflacionaria, por sí sola, no resuelve esa situación. Si los salarios no recuperan poder de compra y las tarifas absorben una porción mayor del presupuesto, las familias siguen recortando gastos y el consumo permanece debilitado.
La proyección de un escenario más adverso no constituye un resultado inevitable. Sin embargo, si estas tendencias continúan, el Gobierno llegará a la campaña con una contradicción difícil de resolver: mostrar una inflación más baja mientras una parte de la población sigue sin recuperar su capacidad de consumo.
En ese contexto, el poder adquisitivo puede convertirse en una variable tan importante como la evolución general de los precios. La estabilidad económica pierde fuerza como argumento cotidiano cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos básicos.
El análisis también pone el foco en Donald Trump, uno de los principales respaldos internacionales de Milei, y en los interrogantes sobre la continuidad de la asistencia financiera de Estados Unidos. Entre los riesgos mencionados aparece una iniciativa legislativa estadounidense que buscaría limitar la ayuda financiera a otros países y que, según el artículo original, incluye expresamente a la Argentina.
En materia cambiaria, el texto plantea un escenario hipotético: si se actualizara por inflación el valor que alcanzó el dólar tras la devaluación de diciembre de 2023, la cotización resultante rondaría los $2.780. Se trata de un cálculo presentado como referencia, no de una cotización futura confirmada ni de un pronóstico oficial.
La apuesta apunta a sostener la identidad política de su electorado incluso en un escenario de dificultades materiales. La incógnita es cuánto puede pesar esa confrontación frente a la pérdida de poder adquisitivo, las complicaciones para pagar deudas y la incertidumbre laboral.
La economía no determina por sí sola el resultado de una elección, pero las condiciones de vida pueden incidir en la evaluación que hace la sociedad de un gobierno. De cara a 2027, Milei tendrá que enfrentar el desafío de sostener su apoyo político mientras intenta contener el deterioro de los ingresos y del consumo.