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En diálogo con Radio La Ciudad 94.7, Anzalaz explicó que el ojo necesita mantener una determinada presión para conservar su forma y funcionar correctamente. Esto se logra mediante el humor acuoso, un líquido que ingresa y sale permanentemente del interior del ojo y que además aporta nutrientes a los tejidos.
Según detalló, la presión ocular considerada normal se encuentra aproximadamente entre 10 y 20 milímetros de mercurio. Sin embargo, aclaró que tener una presión superior a ese rango no significa necesariamente que una persona tenga glaucoma.
"Hay personas que tienen 24 y no tienen glaucoma", explicó. Al mismo tiempo, señaló que también existen pacientes con glaucoma que presentan valores de presión aparentemente normales, incluso de 14 milímetros de mercurio.
Por este motivo, remarcó que no alcanza únicamente con medir la presión ocular, sino que también es necesario evaluar si esa presión está afectando al nervio óptico, que es la estructura encargada de transmitir al cerebro la información visual.
Uno de los principales riesgos del glaucoma es que puede desarrollarse sin que la persona perciba síntomas en las primeras etapas. Anzalaz lo definió como "el ladrón sigiloso de la vista", debido a que la pérdida visual puede avanzar progresivamente sin ser advertida.
El especialista explicó que una persona puede comenzar a perder parte de su capacidad visual y continuar desenvolviéndose con normalidad, hasta que el deterioro sea considerable.
Por esa razón, destacó la importancia de realizar controles periódicos, especialmente después de los 40 años y en aquellas personas que tienen antecedentes familiares de glaucoma.
En este sentido, indicó que quienes tienen familiares directos con glaucoma pueden presentar un riesgo considerablemente mayor de desarrollar la enfermedad.
Durante la entrevista, Anzalaz mencionó algunos de los principales factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar glaucoma. Entre ellos se encuentran los antecedentes familiares, la diabetes y las miopías altas.
También hizo especial hincapié en el uso de medicamentos con corticoides en forma de gotas para los ojos. Advirtió que la automedicación con este tipo de productos puede provocar un aumento de la presión ocular y derivar en lo que se conoce como glaucoma cortisónico.
Por este motivo, recomendó evitar el uso de gotas oftálmicas sin indicación profesional, aun cuando sean utilizadas para tratar molestias aparentemente menores.
Respecto de la frecuencia de los controles, el especialista indicó que una persona sana, sin antecedentes familiares de glaucoma y mayor de 40 años, puede realizarse un control de presión ocular aproximadamente cada dos años.
La medición se realiza mediante un tonómetro y, según explicó, es un procedimiento sencillo, indoloro y que demora apenas unos segundos.
De todos modos, aclaró que la medición de la presión es solamente una parte de la evaluación oftalmológica. También pueden realizarse estudios de la córnea, análisis del nervio óptico y, cuando corresponde, un campo visual para confirmar o descartar la presencia de glaucoma.
Anzalaz explicó que actualmente el glaucoma no tiene cura, pero sí existen tratamientos destinados a controlar la presión ocular y evitar que la enfermedad continúe avanzando.
En muchos casos, el tratamiento consiste en la aplicación diaria de gotas oftálmicas. El especialista destacó que existen medicamentos que permiten controlar la presión con una sola aplicación diaria.
Sin embargo, remarcó que la continuidad del tratamiento es fundamental, ya que se trata de una enfermedad crónica. En aquellos casos en los que las gotas no resultan suficientes, también existen otros procedimientos, incluida la cirugía para disminuir la presión ocular.
Consultado sobre el uso prolongado de computadoras, celulares y otras pantallas, Anzalaz aclaró que esta actividad no aumenta la presión ocular ni provoca glaucoma.
Lo que puede generar es cansancio visual, visión borrosa transitoria y molestias relacionadas con una menor lubricación de la superficie ocular.
El especialista explicó que normalmente una persona puede parpadear entre 10 y 15 veces por minuto, pero cuando concentra su atención durante períodos prolongados frente a una pantalla esa frecuencia puede disminuir considerablemente.
Esto puede generar ardor, ojos enrojecidos y sensación de sequedad. En esos casos, señaló que las lágrimas artificiales pueden ayudar a aliviar las molestias.
Durante la entrevista, Anzalaz también anticipó un nuevo viaje de Fundanoa a San José del Boquerón, una localidad ubicada al noreste de Santiago del Estero, donde la organización realiza operativos oftalmológicos.
El especialista recordó que Fundanoa viaja dos veces al año a esa zona desde 2005, mientras que él comenzó a realizar este viaje en 1996, por lo que este año se cumplen 30 años desde aquella primera visita.
Según relató, el viaje comenzó a partir del pedido de un sacerdote jesuita, Juan Carlos Contable, quien le pidió que atendiera a niños de la zona que tenían dificultades para leer porque no contaban con anteojos.
Desde entonces, la tarea se mantiene y Fundanoa continúa realizando periódicamente esta actividad destinada a acercar atención oftalmológica a comunidades alejadas.
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